Logo Abarán Directo

La Junta de Hermandades y Cofradías Pasionarias de Abarán presenta un emblema impactante y poderoso junto con su nuevo logotipo.

En la noche del martes 27 de enero de 2026 se ha presentado la nueva imagen visual de la Junta de Hermandades y Cofradías Pasionarias de Abarán. El presentador Diego Herrero describió el emblema y logotipo que se estrenan en esta Semana Santa 2026, destacando que «se trata de una imagen que no pretende borrar el pasado, sino reconocerlo y custodiarlo. Una identidad en la que conviven memoria y presente, fe heredada y fe vivida, y que busca representar la unidad, el compromiso y la esencia de una Semana Santa que cambia de forma, pero no de alma”.

Estos son el emblema y el logotipo con la descripción de cada uno elaborado por la Junta de Hermandades y Cofradías Pasionarias de Abarán

El emblema se eleva como un suspiro antiguo, como una obra de orfebrería que ha guardado en su dorado el pulso de un pueblo entero. Cada curva, cada voluta, parece narrar una historia contada al calor de las velas, una historia que Abarán ha sabido transmitir de padres a hijos, de manos temblorosas a manos jóvenes que aprenden a querer lo sagrado. En su centro resplandece el Santísimo Nombre de Jesús, el JHS, como un latido eterno que nunca se apaga.

Bajo la cruz que lo corona —silenciosa, firme, amorosa— se escucha el eco de todas las plegarias que han subido desde estas calles, desde estas vidas que han llorado, reído y creído a los pies del mismo misterio. Ese resplandor no es solo símbolo: es refugio, es promesa, es la luz que muchos han buscado cuando la noche parecía más larga que la esperanza. A su alrededor, las filigranas doradas se abren como un abrazo antiguo, como los brazos de una madre que jamás suelta. Y en medio de ese abrazo, las cintas que proclaman a la Junta de Hermandades y Cofradías se despliegan con la solemnidad de un legado que no se olvida. Son cintas que huelen a incienso, que suenan a tambor, que llevan en cada pliegue la voz de quienes ya no están y aun así procesionan en el corazón del pueblo.

Y allí, sosteniendo el conjunto con la dignidad de lo que nace de la tierra y permanece en ella, reposa el escudo de Abarán. La Cruz de Santiago, roja y valiente, se alza como espada de fe y como señal de identidad. A su lado, la media luna y las aguas del Segura tienen algo de eternidad: recuerdan que Abarán es un lugar donde la vida fluye, donde incluso en la sequía de los días el alma encuentra un cauce para seguir adelante. Porque este emblema no es un simple símbolo. Es un latido compartido. Es la memoria que nos une. Es la lágrima silenciosa que se derrama cuando la Semana Santa toca lo más hondo. Es Abarán reconociéndose en su fe. Es el pueblo diciéndose a sí mismo: “Aquí seguimos. Aquí creemos. Aquí amamos.”.

El logotipo guarda una escena que late en la memoria colectiva de Abarán: un adulto y un niño que caminan de la mano, como si cada paso fuese una herencia sagrada. En ese gesto sencillo —una mano que guía y otra que confía— se encierra la historia de cientos de madrugadas, de miles de pasos que han resonado por las calles estrechas del pueblo. Es el eco de los que se fueron, pero siguen presentes, y la mirada ilusionada de los que acaban de llegar, descubriendo por primera vez el temblor y la belleza de su Semana Santa. Allí, en esa unión silenciosa, Abarán reconoce su alma.

Sobre ellos, dos palomas se alzan al cielo, tan livianas que parecen hechas de suspiros. Son el símbolo vivo de la Procesión del Encuentro, ese instante en el que el pueblo entero siente cómo la emoción le sube por la garganta. En un solo momento, todo se detiene: las manos se aprietan, los ojos brillan, los corazones aceleran… porque allí, en esa escena que solo Abarán sabe interpretar, la vida se abre paso con fuerza y la esperanza renace con un estallido silencioso. Es la Resurrección hecha sentimiento, hecha piel, hecha lágrima contenida.

El nombre ABARÁN aparece entonces como un latido: firme, orgulloso, lleno de sentido. Y bajo él, “Vive su Semana Santa”, que no es un lema, sino un juramento compartido.

Aquí la Semana Santa no es un ritual: es un abrazo que vuelve cada año, un temblor en el pecho, un legado que se cuida como se cuidan las cosas que duelen y sanan a la vez.

Quien nace en Abarán sabe que esta semana forma parte de su historia, de su voz, de su manera de sentir el mundo.

Todo el logotipo es un suspiro profundo, una emoción que se eleva sin permiso. Es la mano temblorosa del abuelo que ya no está, enseñando todavía al nieto cómo caminar entre tambores. Es la paloma que sube al cielo recordando que la luz vuelve siempre, incluso cuando parece lejana. Es la lágrima que cae sin que nadie la vea, esa que brota cuando la fe y el recuerdo se encuentran en el mismo punto del alma.

Así es como Abarán vive su Semana Santa: con un corazón que no se esconde, con una emoción que desborda, con una identidad que se siente incluso antes de entenderla. Es tradición, es pueblo, es vida. Es, simplemente, Abarán.

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