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Cine para el finde: ‘Los domingos’ – El milagro de lo cotidiano según Alauda Ruiz de Azúa

Cinéfilo empedernido.

Tras el impacto de Cinco lobitos y la crudeza de la serie Querer, Alauda Ruiz de Azúa se confirma como la gran cirujana de los vínculos familiares en el cine español contemporáneo. Con «Los domingos», flamante ganadora de la Concha de Oro y triunfadora en los últimos Premios Goya 2026, la directora nos ofrece una obra que es, a la vez, un remanso de paz y una bomba de relojería emocional.

El conflicto: Una vocación que fractura

La premisa es tan sencilla como radical: Ainara (una revelación absoluta, Blanca Soroa), una joven brillante de 17 años, anuncia su deseo de entrar en una orden de clausura. A partir de aquí, la película no se centra en el dogma religioso, sino en la onda expansiva que esta decisión provoca en su entorno: un padre ausente (Miguel Garcés) y una tía (la siempre magistral Patricia López Arnaiz) que no puede comprender cómo el futuro de su sobrina pasa por el encierro voluntario.

La mirada: Cine de transparencia

Lo que hace que Los domingos sea una película excepcional es la ausencia de juicio. Ruiz de Azúa no intenta convencernos de si la decisión de Ainara es correcta o un error; simplemente observa. La dirección de fotografía de Bet Rourich captura esa luz de domingo —lánguida, familiar, a veces asfixiante— que envuelve las comidas familiares donde el silencio pesa más que las palabras.

Es un cine «transparente hasta doler», donde el drama no necesita de grandes gritos ni giros de guion tramposos. El conflicto es puramente humano: la incapacidad de aceptar que aquellos a quienes amamos tienen una libertad que no controlamos.

El veredicto: Una obra maestra de la sutileza

Los domingos es una película sobre la fe, sí, pero sobre la fe en el otro. Es una pieza de cámara rodada con una precisión quirúrgica que cimenta a su directora como la voz más lúcida de su generación. No es solo una de las mejores películas del año; es de esos filmes que te acompañan varios días después de que se enciendan las luces de la sala.

Lo mejor: El duelo interpretativo entre Patricia López Arnaiz y la debutante Blanca Soroa. Una química que traspasa la pantalla. Lo peor: Su ritmo pausado puede desesperar al espectador que busque resoluciones rápidas o conflictos masticados.


Puntuación: ★★★★½ (4.5/5)

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