El pasado miércoles, el Teatro Cervantes de Abarán se vistió de gala para recibir una de las obras más queridas del repertorio universal: L’Elisir d’Amore. En una ambiciosa producción de la compañía LGAM (Leonor Gago Artist Management), en colaboración con la prestigiosa Ópera Nacional de Moldavia, el entendido público abaranero pudo disfrutar de una velada donde el bel canto y la comedia rural se fundieron en un abrazo perfecto.

Un despliegue artístico de primer nivel
La representación no escatimó en recursos. Con más de 60 artistas en escena, incluyendo solistas de talla internacional, coro y orquesta en directo, la producción logró transportar a los asistentes a la Italia decimonónica. Bajo la batuta del maestro Oleg Grabotski, la orquesta supo navegar por la partitura de Gaetano Donizetti con precisión, subrayando esa frescura melódica que ha mantenido viva a esta obra desde su estreno en Milán en 1832.
La puesta en escena, dirigida por Rodica Picireanu y coordinada técnicamente por Ion Luchian, apostó por un enfoque tradicional. El vestuario de época y la escenografía cuidada respetaron la esencia de esta «deliciosa comedia romántica», permitiendo que la narrativa fluyera sin distracciones.

Voces que emocionan
El elenco de solistas fue, sin duda, el corazón del espectáculo:
- Anastasia Golub (Adina): La soprano cautivó con una técnica impecable y la seguridad necesaria para dar vida a la coqueta y sofisticada Adina.
- Víctor Jiménez (Nemorino): El tenor español supo transmitir la vulnerabilidad y el candor del ingenuo campesino. Su interpretación de los momentos clave fue recibida con entusiasmo por el respetable.
- Antonio Iranzo (Belcore) y Lurie Maimescu (Dulcamara): El barítono y el bajo aportaron el contrapunto cómico necesario, destacando la presencia escénica de Maimescu como el charlatán que vende «vino corriente» bajo la promesa de un elixir milagroso.

Un clásico que no pasa de moda
Casi dos siglos después de que la obra llegara a España (apenas un año después de su estreno mundial), L’Elisir d’Amore demostró en Abarán por qué sigue siendo un pilar fundamental del género. La historia de Nemorino y su fe ciega en la poción de amor sigue conectando con el espectador gracias a su equilibrio entre el humor y la emoción más pura.
La ovación final del público de Abarán fue el broche de oro para una noche en la que la Ópera Nacional de Moldavia y LGAM acercaron la alta cultura al corazón lírico de la Región, confirmando que la buena música no entiende de fronteras ni de tiempo.
Fotos: Jesús Tornero de Damián


