Nota de prensa íntegra.
Una vez más el tiempo le da la razón al Partido Popular: el Ayuntamiento de Abarán ha tenido de renunciar al proyecto de rehabilitación de la Casa Consistorial y construcción de un Centro Cultural anexo, dentro del Programa PIREP. Como llevamos advirtiendo desde hace semanas, la cabezonería en ejecutar este proyecto sin la financiación adecuada se hubiera convertido en una losa económica para las arcas municipales.
Abarán ha perdido un tiempo muy valioso, en el que el edificio consistorial ha seguido deteriorándose, sin que se pudieran estudiar otras alternativas para su rehabilitación por enrocarse en un Programa Estatal, el PIREP, que ha sido un absoluto fracaso en toda España. Son muchos los ayuntamientos que han tenido que desistir y devolver las subvenciones recibidas, por lo mal planteado que estaba este programa desde el principio, con condiciones y plazos de ejecución verdaderamente difíciles, fruto de una improvisación que ha sido la tónica general de la gestión de los Fondos Next Generation por parte del Gobierno de España.
La ejecución de este proyecto es el ejemplo de la escasa capacidad de gestión del equipo de gobierno, que ha tenido en la cuenta más de 1 millón de euros hace tres años y no ha sido capaz de hacer nada. Esta incompetencia le ha costado dinero a los abaraneros, puesto que va a tener que devolver el dinero recibido con intereses. A esto se le suma el coste económico de realizar los proyectos técnicos, el de la consultoría especializada e incluso el coste de celebrar un pleno extraordinario cuando ellos mismos reconocían que era muy probable acabar renunciando a la obra. Todo ello sin sumar las horas que los técnicos municipales han dedicado a este proyecto que claramente estaba abocado al fracaso.
Desde el Partido Popular pediremos las explicaciones necesarias para saber exactamente cuánto dinero ha perdido el Ayuntamiento de Abarán en esta aventura, y seguiremos trabajando para ofrecer a los abaraneros unas instalaciones municipales modernas, propias del siglo XXI, sin que ello suponga una hipoteca para las siguientes generaciones.

