Bajo el amparo de la Ermita de los Santos Médicos, allí donde el fervor de un pueblo se hace oración constante, Abarán ha descorrido esta mañana el velo de su Semana Santa 2026. En un acto donde la mística y la tradición se han dado la mano, Jesús Eduardo Carrasco Carrasco, médico de vocación y andero de alma, ha pronunciado un pregón que no solo ha anunciado la Pasión, sino que la ha hecho latir en el pecho de todos los presentes.
La jornada amanecía con el aroma de lo sagrado. Antes del anuncio literario, se celebró el tradicional Pleno de petición de ocupación de calles, ese rito administrativo y sentimental donde la Junta de Hermandades y Cofradías solicita formalmente los itinerarios que, en pocos días, se convertirán en senderos de fe.
Un reconocimiento a la entrega y el servicio
El acto, conducido por Andrés Molina, comenzó con un instante de profunda gratitud. La Junta de Hermandades rindió un emotivo homenaje a José Sánchez Cano ‘Pepe Cano’. Se reconoció así una vida de entrega a nuestra Semana Mayor, destacando especialmente su labor técnica para que las procesiones entren en los hogares de quienes, por salud o distancia, deben vivirlas a través del televisor.
Francisco Javier Tornero, presidente de la Junta de Hermandades y Cofradías, fue el encargado de presentar al pregonero. Más allá de su labor como médico de familia, Tornero desgranó la hoja de servicios cofrade de Carrasco: desde sus inicios con tres años en la Hermandad de la Verónica, pasando por su sueño cumplido bajo la vara de San Pedro, hasta sus más de 25 años de fidelidad en la Hermandad del Cristo de Medinaceli y Cristo del Silencio.
La voz de un hombre de ciencias rendido a la emoción
Cuando Jesús Eduardo Carrasco subió al atril, el silencio se hizo respetuosa espera. Con la humildad de quien se sabe servidor de sus vecinos, comenzó confesando: «No soy poeta ni orador, soy un hombre de ciencias. Y si me tiembla la voz, no es por nervios, es porque mi pueblo tiene el don de emocionarme hasta los huesos».
Su discurso fue una catequesis dictada desde el esfuerzo y el sudor del madero. Como andero veterano, invitó a los asistentes a mirar la Pasión desde el prisma del que carga: «Quiero contarles lo que me pasa cuando vivo la Semana Santa desde la vara de andero. Mientras avanzamos despacio, paso a paso, calle a calle, uno tiene tiempo de pensar, de sentir y de entender cosas que quizá desde fuera se escapan».
Con una prosa teñida de lirismo, recorrió los días santos, rescatando leyendas que solo los mayores custodian y mencionando con devoción ‘La bocina’, el paso valiente de las anderas de San Pedro o ese sobrecogedor silencio que precede a las tres reverencias del Domingo de Resurrección. Como médico, dejó una reflexión para el recuerdo: algunas marchas «están compuestas al ritmo del corazón en reposo», pues la Semana Santa busca, en esencia, hacernos caminar a todos a un mismo pulso.
El triunfo sobre la muerte y el encuentro en la Plaza Vieja
El pregonero no quiso quedar en el dolor del Calvario, sino elevar la mirada hacia la Luz. «La resurrección es el verdadero centro de la Semana Santa. ¿Nos podemos imaginar que Jesús no haya resucitado? ¿Estaríamos aquí celebrando la semana del derrotado? No. La teología nos dice que el centro es la muerte de la muerte. La muerte no tiene la última palabra», sentenció con firmeza.
Al recordar el Encuentro en la Plaza Vieja, la emoción se hizo tangible. Describió ese instante «mágico y de cine» en el que el luto de la Virgen cae para revelar la alegría blanca: «Dicen los mayores que si la Virgen parece sonreír, será un año de buenas cosechas. Yo sí la he visto sonreír».
Un legado para los jóvenes y el honor de ser andero
Carrasco tuvo palabras de aliento para la juventud, llamándoles a mantener viva la llama de la tradición, pero reservó su alocución más sentida para sus hermanos de vara. Para él, «ser andero es mucho más que llevar un trono. Es servir sin ser visto. Es caminar al ritmo de otros. No es fuerza, es fe con el hombro. Es sudor, es oración, porque no solamente cargas peso, cargas promesas, peticiones, emociones, silencios. Ser andero enseña a ceder el sitio, a ofrecer el hombro a un compañero que flaquea. Es rezar sin palabras y llevar a Cristo sobre los hombros».
Cerró su intervención con un grito de amor a su tierra: «Con devoción que nunca se quebranta, Abarán vive su Semana Santa» y un vibrante «¡Viva la Semana Santa de Abarán!».
El alcalde, Jesús Gómez, entregó al pregonero el escudo de Abarán, alabando su templanza y calificando el pregón de «magistral» por metáforas como la del «silencio corporativo». Por su parte, el párroco de San Pablo, Miguel Ángel Saorín, clausuró el evento recordando que en estos días «el silencio se hace oración» y reiterando que celebramos «la muerte de la muerte».
Con la invitación del sacerdote a participar en la Eucaristía del Lunes Santo en el Santuario de la Sierra del Oro, Abarán queda ya oficialmente en espera de que el primer tambor rompa el aire y la madera de los tronos vuelva a respirar por sus calles.






