Cierto es que la primavera en nuestra tierra casi siempre suele ser igual, si nos atenemos al famoso refrán que casi todas las persona maduras conocemos, por las muchas veces que se lo hemos escuchado a nuestros padres, abuelos e incluso nuestros maestros “Marzo ventoso y Abril lluvioso hacen a Mayo florido y hermoso” y como se dice que todos los refranes son ciertos es muy evidente que este encierra mucha verdad, porque en general Marzo nos llega con sus vientecillos, Abril con su suave lluvia y Mayo con sus flores, aunque esto último, siendo cierto, creo que las flores también aparecen con profusión en abril, pero bueno no voy a escribir sobre el clima ni las características de cada mes, yo quiero escribir sobre Abarán, ese Abarán de los años 60, años de mi juventud, una década especial que muchos, estoy segura, recordamos con nostalgia y agrado.
Después de un invierno, no muy largo, como suele ser esta estación en esta tierra nuestra, pero invierno al fin y al cabo, Abarán empezaba a cambiar de color y de aspecto. El cielo comenzaba a ser más azul, la luz del amanecer nos llegaba mucho antes, volvían las primeras golondrinas y otras aves migratorias que regresaban de cálidas tierras, sobre todo africanas, para pasar aquí el verano, llenando el cielo como movibles lunares oscuros que se desplazaban de un lado a otro, también los gorriones y otros pajarillos cantaban con más fuerza e incluso con más alegría y sobre todo, un, nuevo cambio, primero se apercibía tímidamente, pero cada vez más intenso, era el olor a azahar que comenzaba a perfumar las calles del pueblo (Ahora no es así, otros olores no tan poéticos ni agradables como los tubos de escape de vehículos son los que más dominan, pero es que cuando escribo estos artículos, mi mente vuelve al pasado y aún me parece sentir o quizás es que quiero sentirlo, ese olor a azahar tal como lo percibía la primavera de aquellos entrañables años).
La Primavera es la estación de la vida y la vida invadía a Abarán, las mujeres por las mañanas, entre limpieza y limpieza de sus puertas y aceras y gracias al buen tiempo, ante la casa de alguna formaban corrillos de varias vecinas en los que se comentaban alguna hecho especial que podía haber ocurrido en el pueblo o tal vez de las comidas que iban a hacer o de cualquier cosa que sirviese para tener una charla entretenida, entre sus habituales tareas como ya no hacía frío y esa charla mañanera era muy agradable y desde luego muy típica y habitual.
La Plaza de abastos, entonces situada en la actual calle Doctor Molina, era otro lugar que también cambiaba porque comenzaban a aparecer a la venta todos los frutos que nuestra huerta tan generosa nos ofrecía a en primavera y verano (las verduras y frutas que ahora encontramos en cualquier época del año, entonces sólo era posible encontrarlas en las estaciones cálidas, pero puedo afirmar, al menos así lo siento yo, que cualquiera de aquellas frutas o verduras eran más sabrosas y apetitosas que cualquiera de las de ahora que encontramos en cualquier época del año, criadas en invernaderos y nunca igualables con esas naturales nacidas en la época adecuada y en la tierra).
Y las noches, cuyo oscuro cielo con Luna y estrellas aparecía más tarde porque la luz del día duraba más, surgían tertulias de vecinos sentados en las puertas de sus casas, las televisiones apenas existían y esas tertulias eran la forma más agradable de pasar un tiempo hasta llegar la hora de dormir. En cualquier calle del pueblo se podía escuchar el murmullo de las charlas de aquellas reuniones nocturnas y eso daba al pueblo mucha alegría al estar plenas de gentes, ahora sin embargo son noches de calles silenciosas con puertas bien cerradas, entonces eran calles ruidosas de puertas abiertas porque nadie temía nada porque y es bien cierto nunca ocurría nada que pudiese provocar temor.
Las escuelas continuaban funcionando, entonces sólo existían dos colegios San Pablo y un poco después Juan XXIII, eso sí, llenos de niños hasta rebosar, las aulas algunas tenían hasta cuarenta alumnos y los maestros permanecían con ellos mañanas y tardes incansables, pero siempre atentos a su deber día tras día. Los alumnos a partir de las cinco, hora en que acababan las clase, invadían las calles con sus juegos y me atrevo a afirmar que pocas quedaban sin ser el escenario de esos juegos de aquellos chiquillos de los 60 que no tenían ni ordenadores, ni tablets, ni teléfonos móviles, ni video consolas, ni todas esas cosas que la tecnología ha proporcionado a los niños y jóvenes de hoy, pero sin duda, poseían la alegría y la pujanza de la infancia y jugaban y se divertían sin tregua, con lo que podían, casi siempre los chicos a veces con una simple pelota que no era ni siquiera como las perfectas de reglamento actuales o tal vez jugaban con una sencilla bicicleta (que no todos poseían) y las chicas con una cuerda saltando a la barca y a los saltos o mil juegos diferentes que tanto niños como niñas conocían y practicaban cada día.
También en la primavera llegaba La Semana Santa, como preludio de ella, muchos niños tenían pequeñas andas sobre las que portaban así mismo un pequeño santo, fabricadas por padres o abuelos, cualquier familiar adulto o vecinos agradables y mañosos, pequeñas andas que sacaban en procesión por las calles del pueblo todos haciendo sonar trompetas de plástico, porque el plástico, ¡Ay el plástico! (que se hoy sabemos que hace bastante daño a nuestro planeta, pero entonces ese material era una bien acogida y moderna novedad) y las gentes contemplaban esas especiales procesiones con sonrisas.
La Cuaresma comenzaba y comienza el Miércoles de Ceniza, aquí lo recuerdo, porque la noche antes se la llamaba ¡La noche del reventón! Pienso que en otros lugares de España se la denomina así también y era tradicional que en muchas casas se confeccionaran los famosos paparajotes, chocolate con tortas o simplemente magdalenas, afortunadamente esta tradición no ha desaparecido por lo menos en algunos hogares. Cuando la Cuaresma, llegaba a su mitad en bastantes balcones del pueblo aparecían muñecos hechos por personas, casi siempre mujeres, con aspecto peculiares esto era tradición en el pueblo, aunque durante algunos años actuales casi desapareció, pero en nuestro presente, grupos de mujeres han revivido esta costumbre y muchos balcones y puertas del Abarán de hoy aparecen adornados con tan singulares muñecos, afortunada tradición que no se ha perdido y confío que se seguirá conservando. En esos años 60, se celebraba un Vía Crucis todos los viernes, cada uno de ellos por diferente calle del pueblo y desde luego la asistencia a ellos era masiva, entonces los actos religiosos eran muy populares (como anécdota, recuerdo que esos viernes no se hacía cine, porque era cuaresma y porque había que asistir al Vía Crucis y aclaro que no era obligatorio, sino totalmente voluntario, iba quien quería y el que no, pues en su casa o donde quisiera estar).
Con La Semana Santa las calles por donde transcurrían las Procesiones, se llenaban de cajas de frutas vacías, sillas, algunas en no muy buen estado y bancos de madera, que muchas personas colocaban en las aceras para tener un buen sitio, con el objeto de ver los Desfiles Procesionales cómodamente sentados y en primera fila y así con la Procesión de Las Palmas el Domingo de Ramos comenzaba una semana especial para el pueblo: Procesión el martes, el miércoles, el viernes tres, la de los Penitentes de madrugada, de Los Pasos o Vía Crucis por la mañana y El Santo Entierro por la noche y por fin, el Domingo de Resurrección la Procesión del Encuentro o de las Palomas, una hermosa y especial procesión que tanto nos emociona a los abaraneros, hasta el punto que muchas veces, entre la alegría de ese encuentro esplendoroso y emotivo entre La Madre y su Divino Hijo Resucitado, al ver como cae el manto negro de Ella, el cielo se llena de palomas y comienza un baile de la Alegre Madre, donde los tirabuzones de Nuestra Señora del Amor Hermoso se mueven en el aire alegres como Ella. Nuestra excepcional y tradicional procesión que nos complace tanto a los abaraneros y que a veces emocionados no podemos evitar las lágrimas.
Tras La Semana Santa, el siguiente martes llega “El Día de la Mona”, en aquel tiempo, era el paraje de Corona, donde acogía a casi todas la celebració
ones de ese día. Los que tenían casas (sencillas y algunas bastante deterioradas, nada de chalet, ni piscinas, ni otros lujos y comodidades como las actuales) o tierras sin casa allí, pasaban el día celebrando suculentos almuerzos, comidas y meriendas y los más, bajo algún árbol frutal que debido a la primavera se mostraba frondoso con verdes hojas y la presencia de futuros frutos, proporcionando una sombra generosa a aquellos grupos, la mayoría de jóvenes que llenaban por un día los parajes de nuestras huertas, de alegría, buena convivencia y buen humor. Al oscurecer, la vuelta al pueblo, casi todos, la mayoría jóvenes, íbamos al cine, solamente un duro costaba la entrada, tanto el teatro Cervantes como el Guerrero nos ofrecían dos y a veces tres películas y allí sentados en sus butacas de madera o plateas con sillas no muy cómodas, terminaba ese día y al fin el pueblo dormía para despertar otra mañana de primavera, acabadas las vacaciones de La Semana Santa, a otra jornada del intenso trabajo que siempre traía esa época del año… Los niños volvían a las escuelas, las numerosas almacenes de frutas, tornaban a su faena, la Leva ponía de nuevo en marcha sus máquinas para trabajar la madera, el Laboratorio de Don Pedro comenzaba su labor, los coches de línea tornaban a sus itinerarios habituales, la vieja Plaza de Abastos abría sus puertas, las calles desiertas en el “Día de la Mona” recobraban sus ruidos y alegría, La Era se llenaba, cada tarde de hombres que charlaban en numerosos corrillos, La Ermita, debido al buen tiempo, acogía los juegos de muchos niños y cada rincón del pueblo vivía en paz y disfrutaba nuestra hermosa primavera.
Otras dos fiestas importantes y solemnes nos llegaban en esta estación: El Día de la Ascensión y El Día del Corpus (Ambos siempre Jueves, otro refrán muy conocido antaño “¡Cuatro Días hay en el año que relucen más que el sol Jueves Santo, Viernes Santo Corpus Cristi y El Día de la Ascensión” ahora como sabemos, a veces El Día de la Ascensión no recordamos ni cuando es y El Día de Corpus actualmente se celebra domingo para no perder ni un día de trabajo según se decreta) y en estos dos días numerosas Primeras Comuniones se celebraban también, el pueblo se alegraba con las imágenes de niños y niñas vestidos con sus especiales trajes caminando por las calles seguidos de familiares y amigos para llegar pronto a Misa y obtener un buen sitio y por la tarde nuevas procesiones, una de ellas la del Corpus con los niños desfilando vestidos de Comunión y la venerada y solemne Custodia portada por el sacerdote. Se construían altares, ahora aunque se celebra domingo, los altares continúan, esa tradición tampoco se ha perdido y la Custodia sigue descansando en cada uno de ellos. No quiero olvidar que el Día 19 de Marzo era fiesta no sólo en el pueblo sino en todo el país porque se celebraba El Día de San José, Padre Terreno de Jesucristo y así mismo, numerosos niños y niñas, celebraban su Primera Comunión ese Día, ahora tampoco es fiesta, se ha cambiado por el 1 de Mayo que entonces era fiesta también, pero en general se le llamaba Día de San José Artesano, ahora es simplemente el Día del Trabajo, pero no olvido que para nuestra pedanía del cruce, es su fiesta y continua siendo El Día de San José Artesano, como sabemos. San José era carpintero, por tanto y sin duda artesano.
Voy casi a concluir diciendo que a partir del Día de Corpus comenzaba el cine en La Plaza de Toros y su música anunciando la sesión todos los días, alegraba las tardes de La Era hasta la hora de comenzar la proyección y eso si que ha desaparecido, la verdad es que aquella Era, se trataba de un lugar de Abarán muy especial que desafortunadamente se ha perdido en el tiempo.
Abarán primaveral…un pueblo de cielo muy azul, a veces de pequeñas y primaverales lloviznas, de cálido clima, de noches estrelladas, de olor a azahar, como he dicho al principio, un pueblo tranquilo, pacífico, alegre, de mucho trabajo, prospero, en constante crecimiento, de puertas abiertas, de gente llenando sus calles, un Abarán que esperaba el verano viviendo una hermosa primavera un Abarán especial, un Abarán en progreso y sobre todo, tengo que repetirlo un Abarán alegre, en paz y vivo.
Mercedes de la Fuente Tornero


