El llanto de madera que Madrid envidió: San Pedro y el secreto de sus cartas
Hay silencios que guardan siglos, pero hay papeles que, al desdoblarse, devuelven el latido a la historia. El Salón de Tronos de Abarán se convirtió este viernes en un refugio para la memoria, donde el investigador Álvaro Carpena Méndez no solo ofreció una ponencia, sino que abrió una ventana al alma de una de nuestras tallas más amadas: el San Pedro arrepentido de José Planes.
Una amistad forjada entre azahares y café
La historia de nuestra fe no solo se escribe en los altares, a veces nace en la sencillez de un paseo por la Ermita. Corría mayo de 1949 cuando el aire de Abarán convenció al maestro Planes para esculpir el arrepentimiento. Entre las paredes del antiguo Café del Galo, el farmacéutico y benefactor Pedro García Carrillo selló un pacto de belleza y devoción.
Gracias a la meticulosidad de García Carrillo, hoy podemos leer los latidos de aquel encargo. Diecisiete mil pesetas y un intercambio de cartas fueron los hilos que tejieron el milagro. Planes no solo trabajaba la madera; trabajaba con la ilusión de que esta fuera «la mejor de sus obras».
El Pedro que conquistó la capital
Antes de bendecir nuestras calles con su mirada herida, el San Pedro de Abarán fue el orgullo de un país. Álvaro Carpena desveló un pasaje glorioso: en marzo de 1950, nuestra imagen compartió focos en el Círculo de Bellas Artes de Madrid con las obras más ambiciosas del imaginero murciano. Mientras el NO-DO inmortalizaba su figura, San Pedro ya soñaba con su destino: el regreso a este «tan bello pueblo de Abarán» en un camión de retorno, como quien vuelve a casa tras haber conquistado el mundo.
La congoja del hombre, el deber del pueblo
La crónica de Carpena no fue solo un viaje al pasado, sino una llamada de auxilio para el presente. Nos recordó que bajo la policromía de Planes no hay una «lágrima fácil», sino la derrota humana convertida en arte. Pero esa madera sufre; el tiempo y el fervor de nuestros bailes procesionales en la Reverencia han dejado huellas de cansancio en la talla.
«No basta con admirar la imagen; hay que escuchar su fragilidad. El arrepentimiento de Pedro es eterno, pero su madera es mortal».
El acto concluyó con una promesa necesaria: la futura creación de una Comisión de Arte por parte de la Junta de Hermandades. Un compromiso para que el San Pedro que nació de una charla de café y triunfó en Madrid, siga llorando su culpa —hermosa y protegida— por las calles de Abarán durante muchos siglos más.
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