Por Redacción | Abarán, Valle de Ricote
Hay pueblos que corren el riesgo de desdibujarse en el vértigo de los tiempos modernos, perdiendo por el camino el eco de sus viejas calles y el calor de sus vivencias compartidas. Afortunadamente, Abarán cuenta con un escudo heráldico contra el olvido: una infatigable legión de mentes y corazones que, agrupados en el Centro de Estudios Abaraneros (CEA), despliegan una actividad cultural de una envergadura sencillamente extraordinaria. Este miércoles, nuestra villa volvió a vestirse de gala literaria y sentimental para recibir el libro que corona el IX Curso ‘Abarán: acercamiento a una realidad’, un compendio de casi doscientas páginas llamadas a convertirse en el cofre sagrado de nuestra memoria colectiva.
Leer este volumen no es un simple ejercicio de lectura; es emprender un viaje de regreso a casa, una inmersión profunda en la fisonomía de ese pueblo que fuimos y que, de alguna manera, late con fuerza bajo el asfalto del presente. El texto rescata con mimo las ponencias magistrales que durante la primavera del año pasado enriquecieron nuestro acervo, firmadas por nombres tan ilustres y devotos de nuestra tierra como José S. Carrasco, Luis Carlos Saorín, Carmelo Gómez, Mercedes de la Fuente, Álvaro Carpena y Pedro Morente. Cada uno, desde su particular atalaya de investigación, aporta un pedazo del gran mosaico abaranero. Especial mención merece el valiosísimo documento visual y oral que rescata la mesa redonda coordinada por Andrés Molina, dedicada a las Reinas de las Fiestas entre los años 1960 y 1990; una mirada cargada de añoranza a aquellas primaveras y septiembres de balcones engalanados, donde el orgullo de ser abaranera se reflejaba en los ojos de toda una comunidad.
El salón de actos, arropado por el alcalde Jesús Gómez Montiel, la concejala de Cultura Penélope Luna y representantes de la Corporación Municipal, contuvo el aliento en un bellísimo tributo de silencio y afecto hacia dos figuras entrañables cuyo recuerdo sigue impregnando nuestras esquinas: Luisa Fernández y Trini de Peñaleja. Sus ausencias, dolorosas pero inspiradoras, recordaron a los asistentes que la identidad de una villa la construyen, sobre todo, las almas de sus gentes.
Esa transmisión generacional de la que habla con orgullo el cronista oficial es el verdadero motor del milagro cultural que obra el CEA. En una época donde lo efímero dicta las normas, este grupo de investigadores demuestra que en Abarán la cultura no es un barniz superficial, sino una necesidad vital. No se aproximan a la historia local con la frialdad distante de un científico en su laboratorio; lo hacen con la ternura del artesano, buscando —como bien apunta su presidente— rescatar las almas de las cosas y de las gentes para seguir habitando en un pueblo con identidad, con latido propio.
La obra desafía al tiempo. Así se hizo constar durante el acto, recordando que, frente a las palabras que se lleva el viento, las páginas impresas guardan el aroma de los días idos para que, dentro de uno o dos siglos, algún hijo de esta tierra pueda descubrir cómo fuimos, cómo sentimos y qué amamos. El libro es, en definitiva, un destilado de nuestra esencia más íntima, esa que los abaraneros —profundamente soperos y amantes de lo nuestro— paladeamos con calma, buscando el sabor de la lumbre vieja, de las huertas familiares y de las tradiciones compartidas junto a la corriente del Segura.
Tanto la concejala de Cultura como el primer edil coincidieron en señalar al Centro de Estudios Abaraneros como el auténtico custodio del costumbrismo local. Tres décadas de labor continuada avalan un proyecto que nos permite no solo contemplar el pasado con nostalgia, sino comprender la rica pluralidad que nos define. Con la mirada ya puesta en el horizonte de la décima edición en 2027, el CEA reitera su invitación a toda la vecindad para sumergirse en este compendio de textos e imágenes que dignifica nuestras raíces y engrandece la historia de Abarán, recordándonos que, por muy lejos que nos lleven los caminos, el alma siempre regresa al lugar donde fuimos felices.


