ABARÁN — Las centenarias maderas y la impecable acústica del Teatro Cervantes de Abarán volvieron a ser testigos anoche de una de las citas más arraigadas e indispensables del panorama cultural del municipio. La trigésimo quinta edición del Festival de Bandas de Música no fue una entrega más; se vistió con las galas de la memoria y la emoción institucional para conmemorar de forma extraordinaria los cien años de vida del emblemático coliseo abaranero y ofreciendo una velada de altísimo nivel técnico e interpretativo.

Los compases iniciales de la jornada se vivieron en la calle, el hábitat natural de la tradición bandística. El ya tradicional pasacalles inaugural partió desde el histórico paseo de la Ermita, congregando a decenas de vecinos a su paso y tiñendo el ambiente de expectación festiva. El desfile culminó a las puertas de un Teatro Cervantes que lucía imponente, listo para acoger el hermanamiento cultural entre la Región de Murcia y la Comunidad Valenciana.

Centenaria herencia desde Enguera
La primera parte del concierto corrió a cargo de la formación invitada, la Unión Musical Santa Cecilia de Enguera. La sociedad valenciana, cuyo bagaje histórico se remonta de forma ininterrumpida a 1907, hizo gala sobre las tablas de su dilatada trayectoria y del extraordinario fruto de su escuela de música, auténtica cantera que hoy sostiene a una plantilla de cerca de ochenta intérpretes de un nivel maduro y cohesionado.

Bajo la batuta del maestro Francisco J. Ríos López —director de sólida trayectoria y refinada expresividad—, la agrupación enguerina abrió fuego con el vibrante pasodoble «Certamen Levantino», de Pascual Marquina, una carta de presentación idónea para calibrar la brillante sección de metales de la formación. Acto seguido, la complejidad armónica hizo acto de presencia con «Cassiopeia», obra contemporánea de Carlos Márquez (2007) repleta de ricos contrastes tímbricos. El colofón a esta brillante primera mitad llegó con «The Wind in the Willows», la célebre partitura sinfónica de Johan de Meij inspirada en la novela de Kenneth Grahame, interpretada con una solvencia lírica y una riqueza narrativa que cautivó por completo a los asistentes.
Clímax sinfónico y broche de oro
Tras el pertinente intermedio, llegó el turno de la formación anfitriona. Los componentes de la Banda de Música de la Agrupación Musical Santa Cecilia de Abarán tomaron posesión del escenario, compartiendo en esta ocasión el liderazgo del maestro Francisco J. Ríos López, quien asumió la dirección de ambas formaciones evidenciando una magnífica versatilidad y una precisa sintonía con los músicos locales.

El repertorio abaranero comenzó con la elegante prestancia de «Diego Pérez», de David Rivas Domínguez, seguida de la mística atmósfera de «Persis», la célebre obra de James L. Hosay. Sin embargo, el punto álgido de la velada se alcanzó con la interpretación de «Phantom of the Opera», la mítica suite sinfónica arreglada por Johan de Meij en 1986 sobre los temas originales de Andrew Lloyd Webber. La exigencia técnica de la partitura y la espectacularidad dramática de su ejecución desataron una prolongada y unánime ovación en el patio de butacas, con un público puesto en pie reconociendo el gran momento de forma de la banda local.
La emotividad alcanzó su cenit en los compases finales de la noche. Rompiendo las distancias espaciales, los músicos de Abarán y Enguera unieron sus atriles sobre el escenario en una interpretación conjunta masiva dirigidos por Ríos López. Este acto final, cargado de simbolismo y fraternidad, no solo reafirmó el espíritu de unión con el que nació este encuentro hace ya treinta y cinco ediciones, sino que firmó el broche de oro idóneo para festejar el primer siglo de historia del Teatro Cervantes, un templo de la cultura que anoche volvió a latir con la fuerza imperecedera de la música de banda.



