Que me perdonen los jóvenes por la generalización, al decir que pienso que viven en la más absoluta indigencia intelectual, sobre todo en lo referido a la Historia de este país, todavía llamado España.
Quisiera en esta tercera “Chicharra” veraniega recordar algunas características del “bien” llamado “espíritu de la Transición”, esa que algunos quieren enterrar y que durante medio siglo ha servido de ejemplo a las naciones de la Tierra que han iniciado el camino de la dictadura a la democracia.
Deben saber los más jóvenes, yo tengo 60, que ya no hace falta ni una guillotina, ni una revolución para derribar una monarquía. Ni un golpe de estado clásico, ni violencia, ni episodios subersivos, para degradar una democracia o para acabar con el orden constitucional o poner fin al Estado de Derecho. Todo esto se puede hacer de una forma más sutil.
Por ello se habla de la necesidad de recuperar el “Espíritu de la Transición” ¿Y que es eso? Desde que muere Franco hasta la victoria del PSOE en 1982, la política presentaba unas características muy definitorias. No existía el “frentismo”, es decir, el adversario político no es el enemigo, no había muros: “que no gobiernen los de enfrente”. Se creía en la alternancia. Si el objetivo es que la oposición no gobierne, caemos en la dictadura. Existía un marco de entendimiento entre Gobierno y oposición, porque a pesar de las diferencias ideológicas se coincidía en la lealtad constitucional, en la independencia del Poder Judicial, en la neutralidad de las instituciones, en el estricto cumplimiento de las leyes y en la integridad territorial. En definitiva, se aseguraba una estabilidad política e institucional.
Decía el líder socialista, Felipe Gonzáles, ese que ahora es considerado “facha”, decía: “Ser hijos de la democracia, no nietos de la Guerra Civil”. Pues venga, a pensar.
Jesús Cobarro Jaén


