El corazón histórico de Abarán volvió a latir con la cadencia limpia de sus mejores tradiciones. En una Plaza Vieja repleta de vecinos, miradas encontradas y el murmullo expectante que precede a los grandes días de septiembre, Carmina García Montiel subió al escenario para pronunciar el Pregón de la Feria y Fiestas de Abarán 2026. No ofreció un mero discurso formal, sino un abrazo colectivo; una pieza tejida de vivencias, gratitud y memoria viva que devolvió a cada abaranero el orgullo y el latido de pertenecer a esta tierra del Valle de Ricote.
Con el temple de quien conoce de cerca las responsabilidades de la vida pública —habiendo asumido en el pasado la concejalía de Cultura—, la pregonera abrió su alma ante el auditorio al confesar que «un pregón no solo es un discurso. Un pregón es memoria, es gratitud, es emoción, es poner voz a los recuerdos de todo un pueblo y dar forma, aunque solo sea por unos instantes, a los sentimientos que compartimos».
El pregón fue un viaje pausado por la geografía sentimental del municipio. Carmina recordó cómo el tiempo festivo comienza a moldear la vida abaranera con los ritos ancestrales que unen la fe con la convivencia diaria: «Si hay un momento que verdaderamente marca el inicio de este tiempo tan esperado, es sin duda la bajada de nuestra querida Virgen del Oro hasta la Ermita. Es entonces cuando Abarán comienza a latir de una manera diferente». En ese trayecto, evocó la figura del inolvidable Antonio Yelo Templado, Antoñico de la Esperanza, cuyo recuerdo sigue caminando al lado de los abaraneros entre vítores y emoción, así como el repique de «la campanica anunciando el comienzo del novenario en honor a nuestros santos patronos».
Con ternura y sencillez, la pregonera rememoró aquellas tardes infantiles en las que ayudaba a limpiar los ramos de plata del trono bajo la guía de María Luisa de Gálvez y sus tías: «Entre risas, conversaciones y anécdotas conseguíamos que el trono brillara como merecían nuestros santos. Sin darnos cuenta, aquellos encuentros eran el verdadero preludio de las novenas, de las fiestas y de esa ilusión que poco a poco iba llenando el pueblo».
Esa ilusión se extiende a cada rincón del hogar en los días previos a la fiesta, cuando se abren los balcones y Abarán se viste de gala. Las fiestas patronales —subrayó Carmina— van más allá de los actos oficiales: son el reencuentro de familias y amigos, las verbenas, las carrozas, las zarzuelas y la música procesional. Destacó de manera especial el 25º aniversario del Encuentro de Gigantes por «su labor de repartir alegría e ilusión a todos, especialmente a los más pequeños», situando la unión vecinal como el auténtico motor del progreso local: «Algo que debería durar todo el año y que es la base de que un pueblo avance: la unión».
El pregón reservó también un emotivo espacio para poner en valor la memoria cultural del municipio, al cumplirse este año el primer siglo de vida de su edificio más emblemático: «Celebramos el centenario de nuestro querido Teatro Cervantes, un edificio que forma parte de la historia sentimental de Abarán… No solo es un edificio, es un lugar donde hemos reído, nos hemos emocionado, hemos aprendido y nos hemos encontrado».
Uno de los pasajes más entrañables del discurso fue el regreso a las raíces, a la Abarán de la infancia y a la vida compartida en el vecindario. «Nací en la calle Rosario, una calle llena de vida, de comercios abiertos, de puertas abiertas que nunca se cerraban y de vecinos que eran mucho más que vecinos: eran una gran familia», rememoró. Desde allí desgranó el aroma a masa y horno de leña en vísperas navideñas, las reuniones entre vecinas para elaborar los dulces típicos y las cenas improvisadas a base de patatas asadas y vino de la tierra. Recordó con cariño su etapa como Reina de las Fiestas y la construcción de su propio hogar junto a su esposo Roberto, un camino compartido del que nacieron sus cuatro hijos —Roberto, Carmelo, Pablo y Celia— y sus nietos, su mayor legado y orgullo.
En sus palabras no faltó el tributo a la pequeña historia comercial y cotidiana del pueblo, recorriendo la calle San Damián y recordando con nombres propios las tiendas de comestibles, farmacias, mercerías, librerías y peluquerías que articularon el pulso social de toda una época: «Aquellos negocios eran mucho más que tiendas, eran puntos de encuentro… Porque las calles no son solo las casas que las forman, las calles son las personas que las llenan de vida».
Asimismo, Carmina tuvo un cálido homenaje para los mayores, la juventud, las hermandades, las artesanas bolilleras, los agricultores y comerciantes que construyen el día a día del municipio. Hizo suyas las palabras y el templo moral que heredó de sus padres, resumiendo su filosofía vital en la serena premisa paterna de que «Dios provee», un consuelo que la acompañó tras el reciente accidente doméstico que la mantuvo convaleciente y que, paradójicamente, le brindó el tiempo para escribir su pregón desde el sosiego y el alma.
El pregón concluyó con una invitación abierta a la convivencia, al respeto y al disfrute compartido. La Plaza Vieja rompió en un aplauso cerrado y prolongado, confirmando que la voz de Carmina García Montiel había logrado resumir el sentir de una comunidad. Abarán, envuelta en luz, aromas y música, inicia así sus días grandes sabiendo que, más allá de la geografía, su mejor patrimonio reside en el corazón de su gente.
PREGÓN COMPLETO


