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Un siglo de emoción en las tablas: ‘La Calesera’ hace vibrar de nuevo al Teatro Cervantes de Abarán en la noche de su centenario

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ABARÁN DIRECTO — Redacción

Una noche inolvidable donde el pulso centenario de nuestra tradición, la devoción por la cultura local y la música universal se estrecharon la mano sobre las icónicas tablas del Cervantes. La Muestra Nacional de Zarzuela «Villa de Abarán» en su edición 23ª, más viva que nunca

Hay noches en las que el tiempo parece plegarse sobre sí mismo para rendir homenaje a la memoria viva de un pueblo. Esta velada, el Teatro Cervantes de Abarán no solo celebró un siglo de existencia; reabrió un libro sagrado de nuestra historia local cuyos folios no ha borrado el paso de las décadas. Cien años después de que en 1926 sonaran por primera vez los compases de La Calesera, el templo cultural abaranero volvió a acoger la mítica obra para unir a dos generaciones separadas por un siglo, pero íntimamente enlazadas por el mismo fervor, la misma fe en la belleza y una identidad imborrable.

Cuando tenue y solemne se apagó la luz de la sala y los primeros acordes rompieron el silencio, el público abaranero entendió que no asistía a una función más. Las butacas, repletas de vecinos y visitantes, volvieron a latir al unísono como en aquella velada inaugural que dio inicio a la aventura del Cervantes. Fue un reencuentro de alma y vida: la certidumbre de que las raíces de Abarán siguen alimentando el espíritu de su gente.

Uno de los momentos más conmovedores y esperados de la velada llegó con el timbre inconfundible del tenor abaranero Antonio Carlos Moreno. Desplazado expresamente desde Alemania para acudir a la llamada de su patria chica, su presencia en el escenario fue acogida con un cariño desbordante. Escuchar su voz en casa, enmarcada en las paredes centenarias del Cervantes, devolvió a los asistentes el orgullo de una tierra fructífera en talento y pasión.

A su lado, la finura y rotundidad vocal de las sopranos María Rodríguez y Lupe Durán elevaron la puesta en escena a cotas de notable solemnidad. Cada romance, cada dúo y cada pasaje lírico devolvieron a La Calesera la frescura original con la que nació para la zarzuela española.

El rigor teatral y la viveza en las escenas corrieron a cargo de un reparto de lujo donde destacaron Carlos Crooke, la tiple cómica Marta Heras, David Saorín, Rafa Casette, Jesús Martínez, José González, Jesús Molina, Javier Puche, Jesús Sánchez, Martín Sánchez, Adoración Vargas y Álvaro López. Con maestría y devoción, dieron cuerpo y alma a los personajes de esta zarzuela en tres actos y cuatro cuadros, impregnando el escenario de dramatismo, ingenio y sabor popular.

El pilar instrumental de la velada descansó sobre los hombros de la Orquesta Sinfónica del Valle de Ricote, magistralmente dirigida por la batuta de Víctor Cano. Con un respeto reverencial por la partitura del maestro Francisco Alonso, la formación envolvió la sala en una atmósfera llena de colorido y matices, haciendo justicia al legado musical de la obra.

El empaque vocal se enriqueció enormemente con las voces combinadas del Coro Amigos de la Zarzuela y el Coro Amigos del Arte, dirigidos con primor por Cristina Pons. La incorporación de la Rondalla de Blanca aportó un matiz de entrañable fraternidad comarcal, demostrando una vez más cómo la música es un puente sagrado de unión entre las gentes y pueblos del Valle de Ricote.

Detrás del telón, un impecable despliegue técnico garantizó que la magia fluyera sin fisuras: desde la delicada sastrería de Ricardo Arranz hasta el diseño gráfico de María Martínez, pasando por la regiduría a cargo de Jesús de la Cruz Montiel y Jorge Tornero. Cuidando cada detalle en escena estuvieron como traspuntes Patricia Valera, Pascui Martínez, Isabel María Castaño, Juana López, Joaquín Gómez y Jesús D. Yelo, mientras que Pepe Cano esculpió la atmósfera con la luz y el sonido, y Jesús García-Mascaraque hizo accesible cada verso mediante la subtitulación. La velada fue guiada con elegancia por la presentadora Elena Muñoz.

El clímax de la velada llegó con el final de la función. Con el escenario repleto de artistas, coros y técnicos, el público puesto en pie se fundió en un solo corazón con la compañía para entonar al unísono el Cumpleaños Feliz. Cien velas simbólicas soplaron en el ambiente para bendecir un siglo de arte, memoria y vida comunitaria.

Como broche de oro a una noche ya indeleble en la retina de Abarán, los acordes del sagrado El Canto a Murcia retumbaron en la bóveda del teatro, desatando una ovación cerrada que resonó como una promesa de futuro.

La Calesera regresó al lugar donde todo comenzó, y con ella, Abarán recuperó en este 2026 una de las páginas más hermosas de su historia cultural. El Teatro Cervantes ha cumplido cien años, pero la llama de sus tablas está más viva que nunca, dispuesta a seguir iluminando el caminar de las generaciones venideras.

Fotos y vídeo: Jesús Tornero

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