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Cien años de alma entre bambalinas: Abarán rinde tributo a la saga del Cervantes

Las tablas del Teatro Cervantes no solo sostuvieron este mediodía el peso de las autoridades y el protocolo, sino el de un siglo entero de memoria colectiva. En el marco de su centenario, el emblemático templo cultural abaranero se transformó en un epicentro de gratitud donde los protagonistas no fueron las ficciones, sino las personas de carne y hueso que, desde su fundación en 1926, han custodiado la llama de la cultura local.

La crónica de la jornada estuvo marcada por un profundo sentimiento de pertenencia. Lejos de la frialdad de los actos oficiales, la platea vibró con el reencuentro de los descendientes de aquellos visionarios que firmaron el acta de constitución de la sociedad un 8 de abril de hace cien años. La figura del arquitecto José Antonio Rodríguez volvió a cobrar vida a través de su nieto, Fernando Alarcón, mientras que la herencia de impulsores como José Templado Tornero y los gestores de la saga Carrillo —Constantino y Antonio— fue recordada como el motor de un sueño que siempre priorizó la magia del espectáculo sobre los balances contables.

Sin embargo, el corazón del homenaje latió con especial fuerza al mirar hacia los «invisibles» del teatro. El reconocimiento se extendió a la legión de taquilleros, acomodadores, maquinistas y cantineros que han formado parte del engranaje diario del edificio. En representación de todos ellos, Joaquín Gallego Velandrino ofreció las palabras más sinceras de la mañana al definir aquel equipo humano no como una plantilla, sino como una verdadera familia unida por el respeto al escenario.

Las intervenciones institucionales subrayaron el valor estratégico de este espacio. Mientras la concejala de Cultura, Penélope Luna, reivindicaba el teatro como una herramienta indispensable de progreso social, el alcalde Jesús Gómez Montiel ponía el broche final recordando que la estructura de piedra y cal solo cobra sentido a través del aliento de quienes la habitan y la cuidan.

El ambiente, envuelto en las notas musicales del cuarteto ‘Cuatro Arcos’, sirvió de prólogo para lo que resta de año. Este «Cervantenario» no se detiene aquí; la programación municipal continuará desplegando hasta septiembre un abanico de zarzuela, drama y música, asegurando que el teatro cumpla su primer siglo con la misma vitalidad con la que abrió sus puertas por primera vez.

Fotos: Ayto Abarán

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