Bajo el manto aterciopelado de una noche que anticipa el sacrificio, Abarán se convirtió en el escenario de un encuentro místico. No fue una simple marcha, sino el latido unísono de un pueblo que, al filo del Viernes de Dolores, buscó el consuelo en la mirada del Santísimo Cristo de la Salvación.
En la Barriada Virgen del Oro, el silencio se hizo oración y la brisa se cargó de una devoción que trasciende el tiempo. Aquí, donde la fe madruga más que en ningún otro rincón de España, el madero del Redentor comenzó su caminar penitencial, recordándonos que la redención nace siempre del recogimiento.
Un Calvario entre la Sierra y el Río
Pasadas las 21:30 horas, la Plaza San Juan Pablo II dejó de ser un espacio terrenal para transformarse en el umbral de lo sagrado. La talla bendita, nacida del cincel de Juan José Páez Álvarez, se elevó sobre los hombros de sus hijos, mientras el eco de cornetas y tambores de las Hermandades del Descendimientoy la Oración en el Huerto y San Pedro rasgaba el aire, no con música, sino con lamentos de metal y cuero.
El itinerario, un laberinto de fe, condujo al Señor por las arterias más altas del barrio. Allí, donde las calles se estrechan como un abrazo y la nueva luz parece besar la piedra, el Cristo desfiló con la sierra como testigo mudo y el murmullo del río como salmo constante. Fue un contraste de sombras y resplandores que elevó el espíritu de todos los presentes.
El Abrazo de una Comunidad
Junto al madero, la unidad se hizo visible. El pueblo fiel, arropado por sus autoridades y representantes de la Junta de Hermandades, caminó en una comunión de almas. El párroco, Don Miguel Ángel Saorín, guio los corazones hacia ese destino final donde la palabra se hizo silencio y el silencio, plegaria.
Al concluir el recorrido, una oración final ascendió al cielo de Abarán, sellando un compromiso de amor que se renueva cada primavera. La Semana Santa ya no es una promesa; es una realidad que palpita en el corazón de la Barriada, donde la Salvación ha vuelto a recorrer nuestras calles para recordarnos que, tras la pasión, siempre aguarda la luz.
Texto: Abarán Directo
Fotos: José Luis Cano



