Logo Abarán Directo

La mansedumbre que camina: crónica de la Humildad y Paciencia en la tarde de Ramos

Cuando el sol de la tarde comenzó a acariciar la piedra de la Iglesia de los Santos Médicos, Abarán no solo vio una procesión; sintió el latido de una fe que se hace carne en la madera. El Cristo de la Humildad y Paciencia, esa obra de serena belleza nacida de las manos de José Gabriel de Barra, cruzaba el dintel de la Ermita ya no solo como una imagen querida, sino como una Hermandad que camina con paso firme en su tercer año de penitencia.

Una Levantá por la Vida y la Fe

El reloj marcaba las seis de la tarde cuando el silencio del Paseo de la Ermita se rompió con el racheo de los nazarenos y el eco de los metales de la Banda Ecce-Homo. Pero el primer sonido que estremeció el alma fue el del martillo llamando a la solidaridad: una «levantá de honor» protagonizada por la Asociación Local Contra el Cáncer. En ese esfuerzo de los anderos iba el aliento de quienes luchan, recordándonos que Cristo también carga con nuestras flaquezas.

Poco después, la fe se renovaba en la calle Ramón y Cajal, donde el nuevo presidente de la Hermandad del Ecce-Homo, Rubén Gómez Hortelano, imprimía fuerza al trono, simbolizando un nuevo ciclo de entrega y devoción para nuestro pueblo.

Frente al centenario Teatro Cervantes, el tiempo pareció detenerse. Bajo la mirada de Abarán, se vivió el rito de «La Cortesía». El Cristo de la Humildad se inclinó ante la Virgen de Gracia, llegada desde la vecina pedanía de La Ñora. Fue un diálogo místico entre dos tierras unidas por el dolor y la esperanza.

El Encuentro de dos Devociones: La Cortesía

Tras esta imagen de Gracia se esconde un milagro de posguerra: una promesa familiar que sobrevivió al fuego y al tiempo, convirtiendo una antigua talla salvada en símbolo de gratitud colectiva. Allí, entre el gentío, la saeta de Sara Yuste rasgó el aire, poniendo voz al sentimiento de un pueblo que sabe que, en la mirada de la Virgen y su Hijo, reside todo el consuelo del mundo.

Un Pueblo Unido en Oración

El Cristo no caminó solo. Lo escoltaron sus padrinos —Ánimas, San Pedro, San Juan, y tantas otras cofradías hermanas de Abarán y Archena— en una muestra de unidad que hace grande nuestra Semana Santa. Las marchas como “Al compás de tu andar despojado” marcaban el pulso de una estación de penitencia que recorrió el corazón de Abarán entre el respeto y la admiración de los fieles.

Al regresar a la paz de los Santos Médicos, con la oración final del párroco Miguel Ángel Saorín, quedó en el ambiente una certeza: la tarde del Domingo de Ramos en Abarán es el recordatorio de que, ante la adversidad, solo la humildad nos hace verdaderamente libres.

Etiquetas:

Comparte este artículo: