Por: Cinéfilo empedernido
¿Cómo se sobrevive a la pérdida de un hijo cuando el mundo espera que sigas siendo un genio? Tras su paso por el universo Marvel, Chloé Zhao regresa al terreno que mejor domina: el de la intimidad herida y la conexión mística con la naturaleza. Hamnet, basada en la aclamada novela de Maggie O’Farrell, no es un biopic convencional sobre William Shakespeare; es, ante todo, un acto de justicia poética para las figuras que quedaron en la sombra de la historia.
Sinopsis
La cinta nos sitúa en la Inglaterra rural de finales del siglo XVI. Mientras un joven «latino» (como llaman a Shakespeare en el filme) intenta labrarse una carrera en los teatros de Londres, su esposa Agnes —una mujer con un don casi sobrenatural para las plantas y el alma humana— debe lidiar con la repentina muerte de su hijo Hamnet, víctima de la peste. Es este vacío el que, años después, dará vida a Hamlet, la obra más famosa de la literatura universal.
Análisis: Los pilares del filme
- La interpretación de Jessie Buckley: Si Paul Mescal cumple con una vulnerabilidad contenida y sutil, es Jessie Buckley quien sostiene el peso emocional de la película. Su Agnes es una fuerza de la naturaleza. Buckley logra que el dolor sea algo físico, tangible, alejándose del cliché de la madre sufriente para darnos una mujer compleja, terrenal y profundamente sabia. Es, sin duda, la actuación a batir en esta temporada de premios.
- La mirada de Zhao y la luz de Łukasz Żal: Fiel a su estilo, Zhao huye de la pompa de las películas de época. Aquí no hay pelucas empolvadas, sino barro, luz de vela y campos dorados capturados con maestría por el director de fotografía Łukasz Żal. La cámara se siente como un observador silencioso que respeta el duelo de los personajes, aunque en ciertos momentos del primer acto el ritmo pueda resultar demasiado pausado para el espectador que busca acción narrativa.
- El guion y el poder del arte: Lo más fascinante es cómo el guion (co-escrito con la propia O’Farrell) explora el arte como un proceso de exorcismo. La película propone que Shakespeare no escribió sobre Dinamarca, sino que «mató» al padre en la ficción para que su hijo pudiera seguir viviendo en el escenario. Es una tesis poderosa que alcanza su clímax en una secuencia final en el teatro Globe capaz de conmover al espectador más escéptico.
Lo mejor y lo peor
- Lo mejor: El tramo final. La catarsis que une la vida real con la representación teatral es cine en estado puro.
- Lo peor: Su cálculo emocional. En ciertos pasajes, la dirección es tan perfecta y la música de Max Richter tan envolvente que la película bordea lo que algunos críticos llaman «melodrama de prestigio», sintiéndose un poco diseñada para ganar premios.
Veredicto
Hamnet es una experiencia sensorial necesaria. Es una película que no solo se ve, sino que se respira. Aunque su ritmo pausado requiere paciencia, la recompensa es un retrato devastador y hermoso sobre cómo el amor y el duelo pueden transformarse en algo eterno. Un visionado obligatorio para quienes creen que el cine debe ser un espejo del alma.
Calificación: ★★★★☆

