Bajo un cielo que recordaba la humildad y la gloria, Abarán despertó este domingo para reencontrarse con sus raíces más profundas. La Procesión de “La Burrica” no fue solo un desfile de fe, sino un abrazo colectivo a la tradición que inaugura nuestra Pasión, rememorando aquella entrada triunfal de Jesús en la Ciudad Santa que, por unas horas, se trasladó a las cuestas y plazas de nuestro pueblo.
El eco de la bendición
La jornada halló su centro espiritual en la Eucaristía oficiada por D. Felipe Tomás. Entre el aroma a incienso y el susurro de las oraciones, tuvo lugar el rito ancestral de la bendición: palmas blancas y ramas de olivo que, alzadas hacia el cielo, simbolizaban la alegría de un pueblo que sale al encuentro de su Señor.
Al término del rito, el silencio se rompió con el crujir de las maderas. Desde el umbral de la Iglesia de San Juan Bautista, el paso inició su caminar alzado por el esfuerzo y la devoción de los anderos de la Hermandad de la Verónica. El recorrido trazó un mapa de fervor por la Avenida de Cieza y la Plaza de la Zarzuela, descendiendo por el pulso de nuestras calles —Doctor Molina, Médico Gómez, Bernardo Guillamón y Domingo Gómez— hasta alcanzar el refugio acogedor de la Ermita.
Contra el viento, la devoción
Ni siquiera el viento, que quiso ser protagonista inesperado con sus rachas impetuosas, logró deslucir el sentimiento abanillero. Aunque los estandartes hubieron de recogerse ante la fuerza del aire, la solemnidad permaneció intacta en el rostro de los fieles.
Abriendo camino, los metales y parches de “La Leva” marcaron el latido de la mañana. Tras ellos, dos hileras interminables de vecinos portaban sus palmas como ofrendas vivas, precediendo a la comitiva oficial encabezada por el Alcalde, el Pregonero de este año, J. Eduardo Carrasco, y el Nazareno de Honor, Carmelo Sánchez. La unidad de nuestro pueblo se hizo patente en la presencia de la Junta de Hermandades y Cofradías Pasionarias, con su presidente Francisco J. Tornero, y el acompañamiento espiritual de nuestros párrocos.
Un broche de oro musical
La mañana tuvo a la banda sonora de la Agrupación Musical Santa Cecilia, cuyas notas envolvieron la llegada a la Ermita en una atmósfera de recogimiento y triunfo. Abarán ha vuelto a demostrar que, por encima de las inclemencias del tiempo, late una comunidad unida por la tradición y una fe que florece cada primavera en el corazón del Valle del Ricote.


