Para la Crónica de la Procesión del Encuentro, nada mejor, que este extracto del Pregón de José Guillermo Gómez Gómez en su Pregón de Semana Santa 2025. Nadie mejor que un andero que va en el trono de la Virgen en las entrañas de esta procesión, antes de encontrarse de frente con Jesús Resucitado y vivir ese Encuentro en primera persona en la Plaza Vieja de Abarán.
«Zabulón está en Abarán para vivir la procesión del Encuentro. Estamos en el Atrio. Es una mañana soleada, hay nervios entre los miembros de las Hermandades, pero sobre todo, entre los de la Virgen y los de Nuestro Padre Jesús.
Zabulón se percata de que no todos los tronos siguen el mismo itinerario. Le explico que las Hermandades salen del Atrio y finalizan en la Plaza Vieja para que una vez en ella, se produzca el momento más emotivo e importante: «Se trata del encuentro de la Virgen con Jesús; es aquí donde se realizan las reverencias que te he comentado. Hoy vamos a hacerlas tú y yo. en compañía de todos los anderos de las Siervas de María, el resto de cofrades y el pueblo de Abarán en general».
Sobre nuestro trono llevamos a la Virgen del Amor Hermoso, vestida de riguroso luto. Recorremos las calles hasta llegar a Médico Gómez, donde apreciamos la grandiosidad de esta procesión. La calle y sus balcones llenos de gente. En la Plaza Vieja, no cabe un alfiler: aceras, portales, balcones, todo abarrotado. Nos dirigimos hacia ella y, al entrar la imagen de la Virgen, el resto de tronos se arrodilla a su paso. Desde los balcones lanzan pétalos de flores. Nuestra Madre divisa a lo lejos algo que se acerca, que viene directo a ella.
Aquí hacemos las Reverencias; los anderos que vamos en la parte delantera, al oir el 1, 2, 3 (hoy lo hacemos al tercer toque de un par de claves. ¡La tecnología ha llegado a nuestra Hermandad!), en ese instante, todos a una, dejamos caer el trono hasta que las varas golpean contra el suelo y se oye el crujir de las mismas. Es entonces, cuando volvemos a levantar el trono al hombro.
Es la primera Reverencia. Se suelta una paloma al cielo, se escucha el murmullo del público asistente a la plaza; entre los anderos se comenta el resultado de la misma, seguimos el paso de la procesión y lo mismo ocurre en la segunda Reverencia.
Finalmente, la tercera. Tenemos a Jesús Resucitado a menos de un metro de distancia de nosotros. Entonces, y de nuevo al tercer aviso, el trono de la Virgen vuelve a caer al suelo, y rápidamente se levanta sobre nuestras cabezas con los brazos estirados. Jesús y María se unen en un abrazo; nuestras varas, al igual que las del Resucitado, golpean el trono contrario como queriéndose tocar Madre e Hijo. Salen multitud de palomas de todos los lados, se desata la euforia, las bandas tocan paso ligero en señal de alegría, los tronos bailan y se disfruta el momento: es el encuentro de Jesús y María.
Nuestra Madre cambia el manto negro por otro de color blanco. Es la alegría de ver a su hijo resucitado; no hay motivo de tristeza, de llanto o de duelo. ¡Jesús ha resucitado! Son momentos de júbilo; la gente grita, algunos lloran, las palomas revolotean. Recogemos el traje de luto y queda guardado para el próximo año.»
