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San Pablo vuelve a cobijar el alma de Abarán

Abarán, junio de 2026. Hay silencios que guardan esperanzas y esperas que fortalecen el espíritu. Tras casi año y medio de andamios, esfuerzo y oraciones silenciosas, las campanas de la Parroquia de San Pablo se preparan para repicar con una fuerza renovada. El próximo viernes 19 de junio, a las 19:00 horas, las puertas del templo volverán a abrirse de par en par, invitando a todo un pueblo a reencontrarse con su hogar espiritual.

El anuncio, que cayó como una bendición el pasado mes de mayo tras la misa en honor a San Isidro Labrador, ha encendido una chispa de profunda emoción en el municipio. No es para menos. Desde que el polvo y las reformas tomaran el relevo a finales de enero de 2025, la comunidad ha anhelado el regreso a su altar.

Un templo digno para el Valle de Ricote

La ambiciosa metamorfosis, que ha contado con un presupuesto de 753.000 euros ejecutado por la empresa Azuche88 S.L., ha ido mucho más allá de la simple piedra y el cemento. Ha sido una restauración integral destinada a devolver la dignidad y el esplendor a la iglesia, los salones parroquiales y la casa rectoral.

Sin embargo, el verdadero valor de esta obra no se mide en cifras, sino en el legado que deja para las generaciones venideras. Como bien recordaba el párroco, D. Miguel Ángel Saorín, en una emotiva entrevista:

«La parroquia tiene que ser la catedral del Valle de Ricote».

Esas palabras resuenan hoy con más fuerza que nunca, convirtiendo el renovado edificio en un faro de fe y patrimonio para toda la comarca.

Una cita con la historia y la devoción

La reapertura no será un acto administrativo más, sino una auténtica fiesta del espíritu. La ceremonia estará presidida por el obispo de la Diócesis de Cartagena, D. José Manuel Lorca Planes, quien bendecirá los muros que, a partir de ahora, custodiarán las alegrías, penas y plegarias de los abaraneros.

Abarán ha demostrado que su fe no depende de un edificio, pero la alegría de volver a casa es innegable. Este viernes, cuando la luz de la tarde vuelva a filtrarse por las naves de San Pablo, los vecinos no solo celebrarán el fin de una gran obra arquitectónica; celebrarán que el corazón de su comunidad vuelve a latir bajo su propio techo. La espera ha terminado, y el reencuentro promete ser histórico.

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