El pasado viernes 20 de febrero, el Salón de Tronos acogió una de las citas centrales del programa conmemorativo del 75 aniversario de la imagen fundacional del Cristo del Ecce-Homo de Abarán. El presidente del Centro de Estudios Abaraneros, Álvaro Carpena, ofreció la conferencia titulada “Catalogación y diagnóstico por imagen del Santísimo Cristo del Ecce-Homo de Abarán: nuevas aportaciones para su estudio histórico y artístico”, un exhaustivo trabajo de investigación basado en documentación inédita que ahonda en las raíces más profundas y hasta ahora desconocidas de esta devoción.

Antes del inicio del acto, el presidente de la Hermandad del Ecce-Homo, Rubén Gómez Hortelano, agradeció públicamente al doctor Julio Yelo de Abarán, su disposición para realizar las pruebas radiográficas de la imagen en su clínica, fundamentales para el estudio técnico presentado.

Contexto histórico: Abarán en 1951
Álvaro Carpena situó al público en el Abarán de finales de los años cuarenta y comienzos de los cincuenta, un municipio en plena transformación, donde la devoción religiosa y el progreso civil avanzaban de la mano. En aquellos años, la Semana Santa consolidaba su identidad con la incorporación de tallas de gran valor artístico, como el Cristo de la Agonía (1949) y San Pedro Arrepentido (1950), obras del escultor murciano José Planes Peñalver.
El año 1951 fue especialmente significativo. Mientras el municipio afrontaba cambios institucionales —como la salida por enfermedad del alcalde Joaquín Gómez Gómez o el fallecimiento de Nicolás Gómez Tornero— y acometía mejoras en infraestructuras, como el abastecimiento de agua desde la Fuente de Benito, la vida cotidiana continuaba al ritmo de la industria conservera y de unas procesiones que comenzaban a modernizarse, incluso con tronos iluminados eléctricamente.
En ese contexto, el 22 de marzo de 1951, sobre las ocho de la tarde del Jueves Santo, y bajo el impulso económico del empresario Clemente Gómez Ortiz, procesionó por primera vez la imagen del Ecce-Homo, precediendo a San Pedro Arrepentido y sucediendo a otras hermandades. Sin embargo, como subrayó el conferenciante, aquella llegada no suponía el nacimiento de una nueva devoción, sino la recuperación de un culto documentado ya en 1839 y truncado tras la destrucción de la Ermita en agosto de 1936.
Hallazgos técnicos y diagnóstico por imagen
Uno de los momentos más destacados de la conferencia fue la exposición de los resultados del estudio radiográfico realizado el pasado 9 de noviembre. Las pruebas confirmaron que, salvo el rostro, la talla —de 159 centímetros y 59,7 kilogramos— está ejecutada íntegramente en madera, con características compatibles con el pino.

El cuerpo está ensamblado a partir de siete bloques y presenta un hueco interior en el pecho. La cabeza, lejos de ser de una sola pieza, está compuesta por tres tablones unidos y reforzados con clavos. El hallazgo más inesperado fue comprobar que el rostro fue incorporado posteriormente: se practicó un corte para añadir una cara de escayola, completada con ojos de cristal fijados probablemente con cera.

La cabellera combina talla directa y añadidos posteriores, mientras que las espinas de la corona fueron realizadas mediante cuerda estucada y pequeños clavos, un recurso ingenioso que aporta dramatismo junto a la cuidada policromía. La túnica, con un estudiado juego de ondulaciones, refuerza la sensación de movimiento del pie derecho adelantado.
El análisis evidenció que la madera se mantiene estructuralmente sana, aunque la policromía presenta deterioros por la acción del agua, limpiezas abrasivas y reintegraciones posteriores no originales. Asimismo, se detectó una preocupante holgura en el brazo izquierdo debido al deterioro del encolado.
La autoría: una red iconográfica que trasciende Abarán
El proceso de catalogación se desarrolló en tres fases desde 2016. La consulta de archivos de los talleres de imaginería de Olot permitió localizar abundante documentación sobre advocaciones similares. Tras diversas comparaciones y visitas, la clave definitiva llegó en 2025, cuando se identificó al escultor linarense Manuel Cerquella Ruiz como autor del modelo original, que habría cedido a la casa “Las Artes Religiosas” para su reproducción seriada mediante acuerdo económico.
La investigación conectó Abarán con Montoro, Villa del Río y Quintanar de la Orden, e incluso extendió su rastro hasta Santiago de Cuba, configurando una red iconográfica que trasciende fronteras locales y une al menos cinco municipios bajo una misma tipología. El hallazgo de documentación de 1947 en Quintanar obligó a revisar hipótesis previas y apuntó a la existencia de encargos en distintas calidades sobre un mismo modelo.
Según explicó Carpena, por su cronología y calidad artística, la imagen de Abarán podría ser una de las versiones más cuidadas de toda la serie.
Configuración moderna de la Semana Santa Abaranera
El conferenciante concluyó subrayando que 1951 no fue solo el año de llegada de la talla, sino el inicio de la configuración moderna de la Semana Santa abaranera y el renacer de un culto que se aproxima a su segundo centenario. Presentado nuevamente ante su pueblo en una tercera morada, el misterio del Ecce-Homo sigue vivo, invitando a continuar investigando y honrando la intrahistoria local.
Al término del acto, Rubén Gómez Hortelano hizo entrega a Álvaro Carpena de varios obsequios en agradecimiento por su dedicación y rigor investigador.
Por su parte, el conferenciante cedió la última túnica que se confeccionó para desfilar con la hermandad a Jesús Yelo, sobrino de María Gómez Pacual– quien a sus 37 años adquirió uno trono en 1949 para que desfilara un torso del Cristo de Limpias que era cedido por las Hermanas Carmelitas de la residencia- para que porte la imagen de la Piedad en la procesión del Santo Entierro la noche del Viernes Santo.
El acto fue clausurado por el consiliario, D. Miguel Ángel Saorín quien dirigiéndose a la hermandad organizadora del evento insistió en que “Tenéis mucho por hacer”, subrayando la importancia de esforzarse para que la hermandad llegue a convertirse en una de las mejores de Abarán. No obstante, también apeló a la paciencia y a la constancia: “El mundo no se hizo en un día, y la hermandad tampoco”.
