En un acto cargado de intensa emoción, memoria y gratitud compartida, el pueblo de Abarán se reunió en el emblemático entorno del Paseo de la Ermita para rendir un homenaje a Luisa María Fernández Carrasco. La antigua Biblioteca Infantil —hoy espacio cultural neurálgico ubicado a la sombra de los Santos Médicos y frente al santuario de la Virgen del Oro— pasó a llevar oficialmente el nombre de la recordada docente, exconcejala y dinamizadora social.
La ceremonia contó con una nutrida representación institucional y vecinal. Entre las autoridades presentes destacaron el alcalde de Abarán, Jesús Gómez; la concejal de Cultura, Penélope Luna; el consejero de Educación, Víctor Marín; la consejera de Política Social, Conchita Ruiz; directores generales, miembros de la corporación municipal y alcaldes de municipios vecinos del Valle de Ricote y Cieza. Sin embargo, el verdadero abrigo del acto lo puso la comunidad educativa, los compañeros de claustro, amigos y vecinos que abarrotaron las inmediaciones.
El latido de una vida entregada a su pueblo
El evento comenzó con el reconocimiento a la impecable trayectoria de Luisa, quien durante más de una década estuvo al frente del CEIP Juan XXIII como directora, dejando una huella indeleble en varias generaciones de alumnos. Se destacó igualmente su faceta como edil municipal, su labor constante como catequista y su implicación natural en la vida cultural y las fiestas patronales abaraneras.
Uno de los momentos más conmovedores de la jornada llegó con la intervención de su hija, María del Mar, quien tomó la palabra en representación de la familia. Con la voz impregnada de cariño, agradeció el respaldo unánime de la corporación y el afecto incondicional mostrado por el pueblo desde el fallecimiento de su madre.
«Hoy su ausencia todavía nos duele, pero este pueblo ha querido rendirle homenaje ahora, con su recuerdo vivo. Hoy no estamos conmemorando que te has ido; estamos celebrando que estuviste, que viviste, que quisiste, que ayudaste y que enseñaste», expresó emocionada.
Gestos que atesoran la memoria
Durante el acto, la familia hizo entrega al Ayuntamiento y al espacio cultural de dos valiosos recuerdos simbólicos:
- El libro del afecto: Un ejemplar elaborado minuciosamente por alumnos y profesores del CEIP Juan XXIII, repleto de dedicatorias y muestras de cariño hacia quien fuera su directora.
- Arte y consuelo: Una serie de litografías del pintor Luis Fernández que plasman el edificio de la Ermita y las flores del paseo. La familia compartió cómo las palabras de Luisa brindaron paz al artista en momentos difíciles, gesto que culminó en esta donación de arte para el disfrute de todos los vecinos.
Por su parte, el consejero de Educación, Víctor Marín, subrayó que bautizar este inmueble con su nombre constituye «un acto de justicia y un abrazo eterno a su memoria», enfatizando que la enseñanza fue para ella una auténtica forma de amar. Cuyo cierre institucional corrió a cargo del alcalde, Jesús Gómez, quien remarcó la fortaleza, nobleza y jovialidad de Luisa, definiéndola como un ejemplo insigne de entrega desinteresada a sus raíces.

El acto concluyó con el descubrimiento de la placa conmemorativa y la apertura ordenada de una exposición temporal sobre las portadas históricas de las fiestas patronales, devolviendo así la vida y el contenido cultural a un espacio que, desde hoy, custodia para siempre el nombre y el espíritu de Luisa Fernández Carrasco.


