Redacción Abarán// Hay conciertos que se escuchan y hay experiencias que se sufren en la carne, dejándote un zumbido en los oídos y la sospecha de haber asistido a algo trascendental. La XXI edición del festival Azárock calienta motores para convertir de nuevo a Abarán en el epicentro de la distorsión. El próximo 12 de septiembre, entre la vegetación del Parque Municipal, varias propuestas sacudirán los altavoces, pero si hay un nombre grabado a fuego en la agenda de todo amante del rock sin concesiones, ese es Le Mur.
El cuarteto murciano desembarca en el icónico recinto abaranero con la vitola de ser uno de los secretos a voces más devastadores del panorama alternativo nacional. Su propuesta —una apisonadora que transita con soltura entre el rock alternativo, el post-hardcore y pasajes de pura contundencia metalera— promete convertir la brisa del Segura en una tormenta sónica de dimensiones desconocidas.
La gran baza de la banda es esa aparente facilidad para pasar de la belleza atmosférica a la violencia sónica más explícita. No se conforman con escupir riffs gordos y pesados; construyen arquitecturas de sonido complejas, dinámicas y arrolladoras. Al frente, su poderosa presencia vocal ejerce de auténtica maestra de ceremonias: capaz de mecer la melodía con un lirismo desgarrador en un segundo y de rasgar el aire con un grito visceral al siguiente, proyectando una electricidad que atraviesa el pecho sin pedir permiso.
El escenario del Azárock se presta como pocos para esta ceremonia de catarsis colectiva. Frente a festivales despersonalizados de masa y alquitrán, la cita de Abarán conserva la honestidad y el calor de un público que responde al impacto directo. Cuando la distorsión de Le Mur empiece a rebotar contra las laderas del Valle de Ricote, no habrá lugar donde esconderse.
El día 12 no va de pasar la tarde con música de fondo; va de dejarse empujar por la masa, de sentir la vibración del bajo bajo la suela de las zapatillas y de comprobar cómo una banda en pleno estado de gracia es capaz de derribar cualquier muro. Quedan avisados: el Azárock se prepara para la marea, y Le Mur promete no dejar prisioneros.

