Una mesa redonda excepcional reunió el pasado viernes a los artífices de la gran rehabilitación (1997-2000) del teatro abaranero. Entre anécdotas sobre dimensiones imposibles y hallazgos artísticos, los protagonistas recordaron cómo se fraguó el rescate del edificio en el año de su centenario.
No es común que un edificio sea, al mismo tiempo, el contenedor y el contenido de una noticia. Sin embargo, el pasado viernes, el Teatro Cervantes se convirtió en el eje de un coloquio emocional titulado ‘Un teatro renacido. La restauración del Teatro Cervantes’. El acto, enmarcado en los 100 años de este espacio cultural., sirvió para desvelar los desafíos técnicos y las pasiones personales que permitieron su reapertura a las puertas del nuevo milenio.
La velada estuvo conducida por Gloria Morte, concejala de Cultura durante aquel periodo crítico de obras, quien destacó que el evento no era solo un recordatorio técnico, sino una celebración de cómo Abarán ha logrado mantener viva su «alma cultural».
Hablan los arquitectos
Uno de los momentos más curiosos de la noche llegó de la mano de José Templado Carrillo, arquitecto del proyecto y nieto de uno de los fundadores originales de 1926. Templado reveló un «qué hubiera pasado si…» histórico: el teatro pudo ser mucho más grande, pero la negativa de un propietario colindante (dueño del Teatro Guerrero) a vender el terreno donde hoy se ubica el edificio de Óscar, limitó su fachada y dimensiones actuales.
Por su parte, el también arquitecto Jesús Gómez Guillamón recordó que lo que empezó como una pequeña reparación en el tejado y el «gallinero», acabó convirtiéndose en una reforma integral gracias a la llegada de subvenciones. Guillamón detalló la complejidad de asegurar los muros de carga de piedra y la elevación del forjado en la zona de tramoya, una decisión técnica que, según subrayó, es la responsable de la excelente acústica que hoy alaban músicos y directores.
Mantener su estética clásica y la maravilla del telón de boca
La crónica de la rehabilitación no estaría completa sin el factor humano. Rubén Morote, en representación de la empresa constructora de su padre (Juan Manuel Morote), puso el foco en el trabajo manual y minucioso. Explicó cómo él mismo se encargó de clonar las molduras originales utilizando moldes de silicona para que el teatro no perdiera ni un ápice de su estética clásica.
En el apartado artístico, la restauradora Loreto López aportó un dato patrimonial de enorme relevancia: el telón de boca es el original de 1926, una pieza «excepcional» que pocos teatros conservan. López desmintió una creencia popular al aclarar que la firma es de Francisco Pastor, un reconocido escenógrafo valenciano, y no de Vicente Pastor como se pensaba anteriormente.
El alcalde de Abarán, Jesús Gómez, cerró el turno de intervenciones agradeciendo a Gloria Morte su labor como impulsora de esta mesa redonda, calificándola como un espacio necesario de divulgación histórica para el pueblo.
El acto se completó con una serie de testimonios en vídeo de figuras clave:
- Antonio Carrillo: Nieto de los antiguos empresarios del teatro.
- Carlos Egea: Presidente de la Fundación Cajamurcia (entidad financiadora).
- María José Montiel: La mezzosoprano que pondrá voz a la clausura del centenario el próximo 6 de diciembre.
La noche terminó con una ovación tras la proyección de un montaje fotográfico que recorrió visualmente el proceso de obras, dejando claro que el Cervantes está listo para, al menos, otro siglo de aplausos.


