La luz de las velas aguarda en el dintel de las parroquias, mientras el aire de nuestro pueblo se aquieta tras el fragor de las cornetas. El Sábado de Gloria en Abarán no es un día de vacío, sino de latido contenido; un puente de fe tendido entre la solemne amargura del Sepulcro y el estallido inminente de la Vida.
Es una jornada donde el tiempo parece detenerse en nuestras cuestas, permitiendo que el espíritu repose antes de que el repique de las campanas anuncie que la muerte ha sido vencida.
El Semillero de la Fe: La Procesión Infantil
En la mañana de este sábado, Abarán contempla conmovido cómo el futuro de nuestra tradición toma el relevo sobre sus hombros. La Procesión Infantil no es solo un desfile de tronos a escala; es el testimonio vivo de que nuestra fe tiene raíces profundas que se transmiten de padres a hijos.
-El Relevo del Sentimiento: Los más pequeños, con la seriedad de quienes portan un tesoro, guían los tronos pequeños por las calles, aprendiendo el compás del paso y el peso del compromiso.
-Unión de Hermandades: En este acto, todas las túnicas se funden en un solo abrazo. Es la infancia de Abarán la que nos recuerda que la Semana Santa es, ante todo, una herencia de amor que nunca debe morir.
“Dejad que los niños se acerquen a Mí”, dijo el Maestro; y hoy, en nuestras calles, ellos son los encargados de escoltar la esperanza mientras el pueblo los observa con el alma henchida de orgullo.
La Gran Vigilia: El Paso de la Oscuridad a la Luz
Al caer la noche, el foco de la devoción se traslada al interior de nuestras parroquias. La Vigilia Pascual es la celebración más alta, el momento en que la comunidad abanera se reúne en penumbra para esperar el milagro.
-La Bendición del Fuego: En la puerta del templo, una llama nueva rompe la oscuridad, simbolizando a Cristo que regresa para iluminar nuestras vidas.
-La Palabra y el Agua: Se recorre la historia de la salvación, renovando nuestras promesas y preparándonos para el renacer.
–¡Aleluya!: El grito contenido estalla en el altar. La Resurrección de Cristo se hace presencia real en el pan y el vino, y el Sábado de Gloria culmina en la alegría más pura que el ser humano puede conocer.
Abarán duerme esta noche con la certeza de que el sol de mañana no será un sol cualquiera. Mañana, el encuentro nos aguarda; hoy, la fe se hace vigilia y la esperanza, oración.

